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Poema
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Ah, vida, otra vez esto
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Llevo años viviendo en esta casa donde nuestro patio de luz... da a las casas de ellos, los vecinos de arriba.  Hoy hablaré de unos...

Es asombroso que sus diálogos más profundos, sus discusiones existenciales tengan lugar en el baño...
Sus voces emergen de la pequeña ventana y bajan a mi pequeña ventana de la cocina.




Muchas veces, entre aromas de hierbas... mi mente divaga, sonríe, y tantas veces se indigna.  Sí, aunque nunca intervine me molesta el trato que han tenido para con ella, sus dos hijos, su esposo.
Un bocadillo habitual en sus bocas ha sido "callate, gorda enferma", otro, "sos estúpida ?"  Puedo afirmar que tampoco ellos son grandes luminarias, pero parecen sentirse al menos un escalón por encima de ella, quien no emite queja, sólo lamenta haber dejado de trabajar por dedicarse a ellos...

Tan rápido pasa el tiempo que esos niños... ya son hombres (mediohombres) y se han ido de casa..., pero desde entonces una visita por horas comparte su vida...
Primero se oían sus balbuceos y ahora sus primeras oraciones...  Antes le oía los fines de semana, ahora, en mi jubileo, le escucho cada día.  Sonrío dentro de estas paredes cuando su voz trepa contando los escalones que a veces sube y a veces baja



hoy dice, " llueve..."
crece con mi vecina
el niño rubio...



Ni sé por qué escribo sobre él, pero acabo de darme cuenta que hace unos días que no escucho su voz, tal vez mi subconsciente lo extraña... ¿ estará de vacaciones o... ?
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Encuentro cercano del tercer tipo...



Era una de esas mañanas en que el tiempo de espera transcurre más lento que el reloj... cuando inesperadamente, de la hilera de sillas ubicadas por delante, su espalda dejó ver un poco más de su humanidad..., sí, él giró su cabeza y por primera vez vi esos ojos verdes cautivadores... me miró y no pude evitar sonreírle.

Volteó..., pero sin poder contenerse volvió su cabeza para sonreirme... Repetimos la escena varias veces hasta que se levantó y ocultó su presencia...

Volvió a sentarse.  Me mostró con orgullo el escudo de boca juniors que colgaba de su cuello, le respondo con una sonrisa cómplice hiciendo el gesto de la banda que llevo en mi corazón..., bajó la vista, pero armado de coraje me guiña su ojo izquierdo, replico con el mío derecho.

La chica sentada a mi lado me mira y me susurra, "me vuelvo loca".  Le sonrío.

Cansada de esperar, la joven se despide de mí...


Vuelvo mi mirada a la fila de adelante y allí estaba mostrando ya una amplia sonrisa




sonríe,

de sus filas de dientes

falta uno de abajo




Acercándome sonriente indago por el sr Pérez, y escucho su voz por primera vez...


Me llaman de la ventanilla...pago...y vuelvo por la hilera de su silla, me acerco, le pregunto su nombre, "Santiago", responde.


Hablamos de cosas cotidianas e importantes, el inicio de clases, los cordones de zapatillas, la novia de papá, sus 5 años...


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