Atamisqui: Telar de pájaros
23/mar/2009
por Karina Madariaga

La ranchada nos recibió sobre la última hora. Un colchón de tierra – talco bajo los pies, y el camino acompañado por los dueños de casa para conocer el telar.
-Está atrás, no es gran cosa…Unos palos nomás… Y frente a nuestros ojos extraños emergió la figura de los palos que cobijarían el milagro del hilo.
Con fuerza, con la tirantez adecuada, con el esforzado apoyo de una espalda de quebracho, el telar se yergue en el fondo del rancho.
Esos palos han cobijado nidos, han sido la sombrea del animal cansado, han enrizado la tierra para su sustento, sin sus raíces el monte puede ser un desierto, y ahora abrigan el sueño de la lana que unida, dará a luz cobijas, tramas de sueños que se tejen a la tarde, cuando el sol alarga las sombras del monte y la noche es una certeza.
Un telar con cuatro palos es la memoria viva del mestizaje, del aborigen, de los originarios que han debido hacerlo como una inspiración que viene de lejos y tiene las respuestas calladas para tantas cosas…
Un telar con troncos de quebrachos que han caído es un ejemplo de que la poesía está en el monte, y el canto de los pájaros es otra forma de los colores en la trama o el aleteo de las manos que tejen con esperanza. Porque en el monte también morir es una forma de nacer.