27/09/2015 - No olvides Mirar la Luna

 






Septiembre en Japón, el mes del tsukimi Luis y Jesús 1 septiembre, 2011 Japón hoy 7 Comentarios 388289940410 Septiembre es el mes en el que tiene lugar el tsukimi o contemplación de la luna, pero también es el mes en el que tiene lugar la última de las cinco festividades estacionales o gosekku. Septiembre en JapónAsí, el 9 de septiembre es el chōyo no sekku, que también se denomina kiku no sekku (festival del crisantemo) debido a la tradición china de beber vino de crisantemo durante esta festividad para alejar los malos espíritus, y aún hoy en día existe la costumbre de exhibir y contemplar flores de crisantemo. Desgraciadamente, esta festividad casi no se celebra hoy en día. Según el antiguo calendario japonés, el mes de septiembre recibía el nombre de nagatsuki, "el mes en el que las noches se alargan", ya que, con la llegada del otoño, los días se van haciendo más cortos. También puede considerarse la abreviatura de nagametsuki, el "mes de las lluvias duraderas", debido a que en este mes se suceden los días de lluvia. Otros nombres que recibe este mes son kikusatsuki, "el mes en el que florecen los crisantemos", o irodoritsuki, “el mes de los colores”. De acuerdo con el calendario lunar, la luna llena que aparece alrededor del noveno mes recibía el nombre de luna de mediados de otoño, o chūshū no meigetsu en japonés y se hizo costumbre organizar fiestas para la contemplación de la luna, apreciar así su particular belleza y festejar la llegada del otoño. De aquí viene el nombre de esta fiesta, tsukimi, ya que los kanji que la componen, 月見, significan precisamente eso: mirar la luna. Esta era una costumbre que originariamente se practicaba en China, como tantas otras que hoy vemos en Japón, y luego se extendió al archipiélago nipón en el periodo Heian (794-1185). Las casas se decoraban con césped eulalia (susuki) y se preparaban y ofrecían a la luna pequeños buñuelos de harina de arroz (dango) junto con pequeñas muestras de las cosechas de otoño. Tradicionalmente, esta costumbre era practicada por la corte imperial, en lugares de gran belleza natural y tranquilidad. Hoy por hoy es complicado encontrar un lugar parecido en el Japón moderno para recrear esta tranquila contemplación de la luna, pero a pesar de esto, los japoneses siguen disfrutando de esta actividad. Esta celebración fue, en el pasado, una manera de hacer una ofrenda a la diosa de la luna japonesa, Tsukiyomi no Kami, hermana de la diosa del sol, la conocida Amaterasu-Omikami, de la que se dice que desciende la familia imperial japonesa. El conejo que se puede ver en la Luna En China y en Japón, así como en Guatemala, México y algunas antiguas culturas africanas, se piensa que en la Luna hay un conejo. Según los japoneses, está haciendo mochi (pasta de arroz), mientras que los chinos creen que está moliendo en un mortero la planta de la inmortalidad para preparar el elixir de la vida. El Mar de la Fecundidad y el Mar del Néctar forman las orejas, la cabeza es el Mar de la Tranquilidad (donde alunizó el Apolo 11) y el cuerpo lo compone el Mar de la Serenidad y el Mar de las Lluvias. La mano la constituye el Mar de los Vapores y la plataforma sobre la que hace mochi o el mortero la forman el Mar del Conocimiento, el Mar de la Humedad y el Mar de las Nubes. El motivo de la presencia de este conejo se puede explicar gracias a una leyenda japonesa, que cuenta que el espíritu de la luna se encarnó, hace mucho tiempo, en el cuerpo de un anciano, que fue suplicando a varios animales que le dieran comida. Cada animal fue ofreciéndole algo, pero cuando llegó al conejo, éste no tenía nada que pudiera ofrecerle, por lo que hizo que el resto de animales preparara una hoguera y se ofreció a sí mismo al anciano. El anciano, entonces, se mostró como el dios de la luna y recompensó al conejo llevándole con él a la luna para que viviera allí para siempre. Se dice, además, que la luna de la cosecha es la luna más bella de todo el ciclo anual, por lo que este festival se realiza normalmente a mediados de septiembre. Sin embargo, dada la naturaleza de este suceso, la fecha real depende de cada persona, familia, o grupo de amigos, ya que no es como otros festivales que tienen fecha establecida. Además, aunque existen unos pocos templos y parques que realizan fiestas para contemplar la luna en varias noches, la mayoría de los japoneses disfruta de este festividad en la privacidad de sus hogares. Para este festival, los preparativos son artísticos, pero no especialmente complicados. Se suele realizar un arreglo floral utilizando hierba del tipo susuki y otras flores y plantas estacionales. Si se desea cumplir perfectamente con las tradiciones, deberían mostrarse las "siete hierbas de otoño", o aki no nanakusa en japonés, aunque normalmente suelen ser difíciles de encontrar. Estas siete hierbas son el trébol en arbusto o hagi (Lespedeza japonica), susuki (eulalia o Miscanthus sinensis, también llamada en japonés a veces obana), arruruz o kuzu (Pueraria lobata), clavel salvaje o nadeshiko (Dianthus superbus), patrinia u ominaeshi (Patrinia scabiosaefolia), cáñamo o fujibakama (Eupatorium fortunei), y finalmente la campanilla china o kikyō (Platycodon grandiflorum). Y al igual que cada festival japonés lleva aparejado un tipo especial de comida, el tsukimi no es una excepción. En este caso, lo tradicional es utilizar un plato de dango como ofrenda a la luna. También se utilizan como ofrendas castañas, verduras de temporada cocinadas, o frutas de temporada. La cerveza, sake, e incluso té verde, completan las ofrendas gastronómicas a la luna en este festival, que luego son consumidas tranquilamente durante la contemplación de la luna.

Artículo publicado en Japonismo: Septiembre en Japón, el mes del tsukimi 


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También puede considerarse la abreviatura de nagametsuki, el "mes de las lluvias duraderas", debido a que en este mes se suceden los días de lluvia. Otros nombres que recibe este mes son kikusatsuki, "el mes en el que florecen los crisantemos", o irodoritsuki, “el mes de los colores”. De acuerdo con el calendario lunar, la luna llena que aparece alrededor del noveno mes recibía el nombre de luna de mediados de otoño, o chūshū no meigetsu en japonés y se hizo costumbre organizar fiestas para la contemplación de la luna, apreciar así su particular belleza y festejar la llegada del otoño. De aquí viene el nombre de esta fiesta, tsukimi, ya que los kanji que la componen, 月見, significan precisamente eso: mirar la luna. Esta era una costumbre que originariamente se practicaba en China, como tantas otras que hoy vemos en Japón, y luego se extendió al archipiélago nipón en el periodo Heian (794-1185). Las casas se decoraban con césped eulalia (susuki) y se preparaban y ofrecían a la luna pequeños buñuelos de harina de arroz (dango) junto con pequeñas muestras de las cosechas de otoño. Tradicionalmente, esta costumbre era practicada por la corte imperial, en lugares de gran belleza natural y tranquilidad. Hoy por hoy es complicado encontrar un lugar parecido en el Japón moderno para recrear esta tranquila contemplación de la luna, pero a pesar de esto, los japoneses siguen disfrutando de esta actividad. Esta celebración fue, en el pasado, una manera de hacer una ofrenda a la diosa de la luna japonesa, Tsukiyomi no Kami, hermana de la diosa del sol, la conocida Amaterasu-Omikami, de la que se dice que desciende la familia imperial japonesa. El conejo que se puede ver en la Luna En China y en Japón, así como en Guatemala, México y algunas antiguas culturas africanas, se piensa que en la Luna hay un conejo. Según los japoneses, está haciendo mochi (pasta de arroz), mientras que los chinos creen que está moliendo en un mortero la planta de la inmortalidad para preparar el elixir de la vida. El Mar de la Fecundidad y el Mar del Néctar forman las orejas, la cabeza es el Mar de la Tranquilidad (donde alunizó el Apolo 11) y el cuerpo lo compone el Mar de la Serenidad y el Mar de las Lluvias. La mano la constituye el Mar de los Vapores y la plataforma sobre la que hace mochi o el mortero la forman el Mar del Conocimiento, el Mar de la Humedad y el Mar de las Nubes. El motivo de la presencia de este conejo se puede explicar gracias a una leyenda japonesa, que cuenta que el espíritu de la luna se encarnó, hace mucho tiempo, en el cuerpo de un anciano, que fue suplicando a varios animales que le dieran comida. Cada animal fue ofreciéndole algo, pero cuando llegó al conejo, éste no tenía nada que pudiera ofrecerle, por lo que hizo que el resto de animales preparara una hoguera y se ofreció a sí mismo al anciano. El anciano, entonces, se mostró como el dios de la luna y recompensó al conejo llevándole con él a la luna para que viviera allí para siempre. Se dice, además, que la luna de la cosecha es la luna más bella de todo el ciclo anual, por lo que este festival se realiza normalmente a mediados de septiembre. Sin embargo, dada la naturaleza de este suceso, la fecha real depende de cada persona, familia, o grupo de amigos, ya que no es como otros festivales que tienen fecha establecida. Además, aunque existen unos pocos templos y parques que realizan fiestas para contemplar la luna en varias noches, la mayoría de los japoneses disfruta de este festividad en la privacidad de sus hogares. Para este festival, los preparativos son artísticos, pero no especialmente complicados. Se suele realizar un arreglo floral utilizando hierba del tipo susuki y otras flores y plantas estacionales. Si se desea cumplir perfectamente con las tradiciones, deberían mostrarse las "siete hierbas de otoño", o aki no nanakusa en japonés, aunque normalmente suelen ser difíciles de encontrar. Estas siete hierbas son el trébol en arbusto o hagi (Lespedeza japonica), susuki (eulalia o Miscanthus sinensis, también llamada en japonés a veces obana), arruruz o kuzu (Pueraria lobata), clavel salvaje o nadeshiko (Dianthus superbus), patrinia u ominaeshi (Patrinia scabiosaefolia), cáñamo o fujibakama (Eupatorium fortunei), y finalmente la campanilla china o kikyō (Platycodon grandiflorum). Y al igual que cada festival japonés lleva aparejado un tipo especial de comida, el tsukimi no es una excepción. En este caso, lo tradicional es utilizar un plato de dango como ofrenda a la luna. También se utilizan como ofrendas castañas, verduras de temporada cocinadas, o frutas de temporada. La cerveza, sake, e incluso té verde, completan las ofrendas gastronómicas a la luna en este festival, que luego son consumidas tranquilamente durante la contemplación de la luna.

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También puede considerarse la abreviatura de nagametsuki, el "mes de las lluvias duraderas", debido a que en este mes se suceden los días de lluvia. Otros nombres que recibe este mes son kikusatsuki, "el mes en el que florecen los crisantemos", o irodoritsuki, “el mes de los colores”. De acuerdo con el calendario lunar, la luna llena que aparece alrededor del noveno mes recibía el nombre de luna de mediados de otoño, o chūshū no meigetsu en japonés y se hizo costumbre organizar fiestas para la contemplación de la luna, apreciar así su particular belleza y festejar la llegada del otoño. De aquí viene el nombre de esta fiesta, tsukimi, ya que los kanji que la componen, 月見, significan precisamente eso: mirar la luna. Esta era una costumbre que originariamente se practicaba en China, como tantas otras que hoy vemos en Japón, y luego se extendió al archipiélago nipón en el periodo Heian (794-1185). Las casas se decoraban con césped eulalia (susuki) y se preparaban y ofrecían a la luna pequeños buñuelos de harina de arroz (dango) junto con pequeñas muestras de las cosechas de otoño. Tradicionalmente, esta costumbre era practicada por la corte imperial, en lugares de gran belleza natural y tranquilidad. Hoy por hoy es complicado encontrar un lugar parecido en el Japón moderno para recrear esta tranquila contemplación de la luna, pero a pesar de esto, los japoneses siguen disfrutando de esta actividad. Esta celebración fue, en el pasado, una manera de hacer una ofrenda a la diosa de la luna japonesa, Tsukiyomi no Kami, hermana de la diosa del sol, la conocida Amaterasu-Omikami, de la que se dice que desciende la familia imperial japonesa. El conejo que se puede ver en la Luna En China y en Japón, así como en Guatemala, México y algunas antiguas culturas africanas, se piensa que en la Luna hay un conejo. Según los japoneses, está haciendo mochi (pasta de arroz), mientras que los chinos creen que está moliendo en un mortero la planta de la inmortalidad para preparar el elixir de la vida. El Mar de la Fecundidad y el Mar del Néctar forman las orejas, la cabeza es el Mar de la Tranquilidad (donde alunizó el Apolo 11) y el cuerpo lo compone el Mar de la Serenidad y el Mar de las Lluvias. La mano la constituye el Mar de los Vapores y la plataforma sobre la que hace mochi o el mortero la forman el Mar del Conocimiento, el Mar de la Humedad y el Mar de las Nubes. El motivo de la presencia de este conejo se puede explicar gracias a una leyenda japonesa, que cuenta que el espíritu de la luna se encarnó, hace mucho tiempo, en el cuerpo de un anciano, que fue suplicando a varios animales que le dieran comida. Cada animal fue ofreciéndole algo, pero cuando llegó al conejo, éste no tenía nada que pudiera ofrecerle, por lo que hizo que el resto de animales preparara una hoguera y se ofreció a sí mismo al anciano. El anciano, entonces, se mostró como el dios de la luna y recompensó al conejo llevándole con él a la luna para que viviera allí para siempre. Se dice, además, que la luna de la cosecha es la luna más bella de todo el ciclo anual, por lo que este festival se realiza normalmente a mediados de septiembre. Sin embargo, dada la naturaleza de este suceso, la fecha real depende de cada persona, familia, o grupo de amigos, ya que no es como otros festivales que tienen fecha establecida. Además, aunque existen unos pocos templos y parques que realizan fiestas para contemplar la luna en varias noches, la mayoría de los japoneses disfruta de este festividad en la privacidad de sus hogares. Para este festival, los preparativos son artísticos, pero no especialmente complicados. Se suele realizar un arreglo floral utilizando hierba del tipo susuki y otras flores y plantas estacionales. Si se desea cumplir perfectamente con las tradiciones, deberían mostrarse las "siete hierbas de otoño", o aki no nanakusa en japonés, aunque normalmente suelen ser difíciles de encontrar. Estas siete hierbas son el trébol en arbusto o hagi (Lespedeza japonica), susuki (eulalia o Miscanthus sinensis, también llamada en japonés a veces obana), arruruz o kuzu (Pueraria lobata), clavel salvaje o nadeshiko (Dianthus superbus), patrinia u ominaeshi (Patrinia scabiosaefolia), cáñamo o fujibakama (Eupatorium fortunei), y finalmente la campanilla china o kikyō (Platycodon grandiflorum). Y al igual que cada festival japonés lleva aparejado un tipo especial de comida, el tsukimi no es una excepción. En este caso, lo tradicional es utilizar un plato de dango como ofrenda a la luna. También se utilizan como ofrendas castañas, verduras de temporada cocinadas, o frutas de temporada. La cerveza, sake, e incluso té verde, completan las ofrendas gastronómicas a la luna en este festival, que luego son consumidas tranquilamente durante la contemplación de la luna.

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También puede considerarse la abreviatura de nagametsuki, el "mes de las lluvias duraderas", debido a que en este mes se suceden los días de lluvia. Otros nombres que recibe este mes son kikusatsuki, "el mes en el que florecen los crisantemos", o irodoritsuki, “el mes de los colores”. De acuerdo con el calendario lunar, la luna llena que aparece alrededor del noveno mes recibía el nombre de luna de mediados de otoño, o chūshū no meigetsu en japonés y se hizo costumbre organizar fiestas para la contemplación de la luna, apreciar así su particular belleza y festejar la llegada del otoño. De aquí viene el nombre de esta fiesta, tsukimi, ya que los kanji que la componen, 月見, significan precisamente eso: mirar la luna. Esta era una costumbre que originariamente se practicaba en China, como tantas otras que hoy vemos en Japón, y luego se extendió al archipiélago nipón en el periodo Heian (794-1185). Las casas se decoraban con césped eulalia (susuki) y se preparaban y ofrecían a la luna pequeños buñuelos de harina de arroz (dango) junto con pequeñas muestras de las cosechas de otoño. Tradicionalmente, esta costumbre era practicada por la corte imperial, en lugares de gran belleza natural y tranquilidad. Hoy por hoy es complicado encontrar un lugar parecido en el Japón moderno para recrear esta tranquila contemplación de la luna, pero a pesar de esto, los japoneses siguen disfrutando de esta actividad. Esta celebración fue, en el pasado, una manera de hacer una ofrenda a la diosa de la luna japonesa, Tsukiyomi no Kami, hermana de la diosa del sol, la conocida Amaterasu-Omikami, de la que se dice que desciende la familia imperial japonesa. El conejo que se puede ver en la Luna En China y en Japón, así como en Guatemala, México y algunas antiguas culturas africanas, se piensa que en la Luna hay un conejo. Según los japoneses, está haciendo mochi (pasta de arroz), mientras que los chinos creen que está moliendo en un mortero la planta de la inmortalidad para preparar el elixir de la vida. El Mar de la Fecundidad y el Mar del Néctar forman las orejas, la cabeza es el Mar de la Tranquilidad (donde alunizó el Apolo 11) y el cuerpo lo compone el Mar de la Serenidad y el Mar de las Lluvias. La mano la constituye el Mar de los Vapores y la plataforma sobre la que hace mochi o el mortero la forman el Mar del Conocimiento, el Mar de la Humedad y el Mar de las Nubes. El motivo de la presencia de este conejo se puede explicar gracias a una leyenda japonesa, que cuenta que el espíritu de la luna se encarnó, hace mucho tiempo, en el cuerpo de un anciano, que fue suplicando a varios animales que le dieran comida. Cada animal fue ofreciéndole algo, pero cuando llegó al conejo, éste no tenía nada que pudiera ofrecerle, por lo que hizo que el resto de animales preparara una hoguera y se ofreció a sí mismo al anciano. El anciano, entonces, se mostró como el dios de la luna y recompensó al conejo llevándole con él a la luna para que viviera allí para siempre. Se dice, además, que la luna de la cosecha es la luna más bella de todo el ciclo anual, por lo que este festival se realiza normalmente a mediados de septiembre. Sin embargo, dada la naturaleza de este suceso, la fecha real depende de cada persona, familia, o grupo de amigos, ya que no es como otros festivales que tienen fecha establecida. Además, aunque existen unos pocos templos y parques que realizan fiestas para contemplar la luna en varias noches, la mayoría de los japoneses disfruta de este festividad en la privacidad de sus hogares. Para este festival, los preparativos son artísticos, pero no especialmente complicados. Se suele realizar un arreglo floral utilizando hierba del tipo susuki y otras flores y plantas estacionales. Si se desea cumplir perfectamente con las tradiciones, deberían mostrarse las "siete hierbas de otoño", o aki no nanakusa en japonés, aunque normalmente suelen ser difíciles de encontrar. Estas siete hierbas son el trébol en arbusto o hagi (Lespedeza japonica), susuki (eulalia o Miscanthus sinensis, también llamada en japonés a veces obana), arruruz o kuzu (Pueraria lobata), clavel salvaje o nadeshiko (Dianthus superbus), patrinia u ominaeshi (Patrinia scabiosaefolia), cáñamo o fujibakama (Eupatorium fortunei), y finalmente la campanilla china o kikyō (Platycodon grandiflorum). Y al igual que cada festival japonés lleva aparejado un tipo especial de comida, el tsukimi no es una excepción. En este caso, lo tradicional es utilizar un plato de dango como ofrenda a la luna. También se utilizan como ofrendas castañas, verduras de temporada cocinadas, o frutas de temporada. La cerveza, sake, e incluso té verde, completan las ofrendas gastronómicas a la luna en este festival, que luego son consumidas tranquilamente durante la contemplación de la luna.

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