Decir la Nada

Oniyanma
omowazu boku to
niramekko

おにやんま思わず僕とにらめっこ

Una libélula-diablo
sin que me diera cuenta
me estaba mirando fijamente

Los haikus hablan de cualquier nadería. Blyth, el gran estudioso del haiku, lo definía como “una mera nada inolvidablemente significativa”. Una nada que sucede ante nosotros y no conseguimos olvidar. Esta recurrencia del haiku a la nada nos incomodó desde el principio y acabó alterando nuestras más firmes certezas. El haiku es una nada que nos trastorna y que por ello tratamos de explicar.

Ninguna palabra dice lo que dice. Nosotros siempre tratamos de poner en el lenguaje más de lo que el lenguaje puede soportar y por eso se rompe. Especialmente, cuando necesitamos contar eso único que merece ser comunicado, ese encuentro nuestro con lo inefable del que José Manuel Martín Portales escribía:

Nada puede decirse…
Pero hay que decir la Nada

“Decir la Nada”, efectivamente, eso es el haiku. Ésa es la excepción a nuestro habitual parloteo de palabras. El haiku, eso que significa que de verdad estamos vivos… Estar vivo, estar despierto, atender al mundo, como él está pendiente de nosotros. Como esa libélula-diablo de la que hablaba en su haiku un niño de seis años:

おにやんま思わず僕とにらめっこ

TAKEMATSU HIRONOBU
Oniyanma
omowazu boku to
niramekko

Una libélula-diablo
sin que me diera cuenta
me estaba mirando fijamente

El mundo nos observa; nos observa fijamente. Está atento a nuestros más mínimos gestos. Bajo la atenta mirada de una libélula-diablo, comenzamos esta Vía tan particular del haiku, este haiku-dô, que vamos a concretar en cien haikus, en cien formas de belleza donde morar.


http://blogs.periodistadigital.com/elalmadelhaiku.php/2011/04/25/decir-la-nada?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+ElAlmaDelHaiku+%28RD+-+El+alma+del+haiku%29



hallo su mirada -
un mamboretá
bajo la lluvia

http://www.lanacion.com.ar/1056548-el-mamboreta-un-insecto-que-pierde-la-cabeza-por-amor



La leyenda del Mamboretá



En una de las tribus guaraníes que vivían a orillas de los ríos Paraná y Uruguay el cacique descubrío un día a un forastero.
- Quien eres ? –le preguntó.
- Donde está tu pueblo?.
El joven indio le respondió:-he abandonado a los mios porque se han entregado como esclavos a los conquistadores blancos.

El cacique, amigablemente, le ofreció su toldo para que se quedara a vivir con ellos. Pasó el tiempo. El muchacho era muy trabajador y ademas, bailaba muy bien. Ayudaba en las tareas de la tribu y en las noches de fiesta los alegraba con sus danzas. Pero siempre tenía los ojos tristes, y mirada nostálgica.

Todos empezaron a llamar, Mamboretá al joven (del guaraní: Donde está tu pueblo?). Un día Mamboretá dejó el toldo del cacique, como lo hacía habitualmente. Se fue a trabajar al campo, pero llegó la noche y no volvió. Se había ido para siempre, pues no pudieron encontarlo.

Una noche el cacique descubrió que sobre su hombro se había posado un insecto desconocido de color verde. Como no sabía su origen le preguntó:
-Mamboretá?
Y el hermoso insecto le respondió, elevando sus bracitos al cielo y moviéndose como si bailara. Desde entonces vive en esas tierras formando parte del paisaje.


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