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Me despierta con dulzura..., es que

Llegó a casa a las 8,15 de la mañana, en las manos de mi hijo, quien desandó sus propios pasos, los pocos que había hecho rumbo al trabajo...

Es hermosa/o, con plumas celestes, blancas y negras. Una cotorrita...
La deja en su gimnasio hasta que me levante.

Me levanto, realizo las primeras rutinas... y a las 9 me acerco a dejarle un poco de agua y algo improvisado de comida... Ya no vuelvo a verla (esa puerta corrediza... que me resulta tan pesada...)

Así, en días de confinamiento... se hace mediodía con la velocidad del segundero...
Mi hijo regresa con la puntualidad de un ansioso... y va a verla/o...

" Es cotorra australiana macho".
Tiene el dato de un amigo, quien la llevará para cuidarla...

Dios, ni alcancé a conocerla y estoy llorando por el pequeño emplumado, que sólo vino ¡a morir a nuestra casa!



encerrada aún...
la cotorra australiana...
muere solita...



Me desconsuela pensar que no fui capaz de hacer nada por él, que nunca más me di una vuelta... para mirarlo siquiera.
Me explican que ha sido el frío que pasó en la noche de fuga, pero no me basta.

Ya se han hecho las horas de la tarde entre estas paredes, más mudas que nunca



guardo unas plumas...
...con una sonrisa ve
correr mis lágrimas





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