Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

.


 TIEMPO  (nulo)

Relato


Con el cuchillo pesado, brillante, sin filo, remuevo el tiesto para plantar el brote de momiji...

Ahora recuerdo, fue en esos días de encierro provocados por el terror que causaba el desconocimiento del virus que comenzaba a vivir entre nosotros...

Fue en aquellos días que muchos, de tantos, comenzó a llenar los minutos, los incesantes segundos, con actividades postergadas.


En casa, los cajones pasaron por el estrés de la luz, el agua, el aire, el sol.. y ante los ojos aparecieron cosas que acarreaban tanto tiempo, tantos recuerdos.



Una historia se desenvolvía con cada encuentro.



La tijera que usó mi madre !, esa conque cortó, para confeccionar tantas prendas que nos cubrieron...  Blancas, estampadas, rayadas, sedas, paños, hilos... Tantas uñas de manos y pies.

Ya no brilla su acero al sol de este siglo, solo corta los envases que llegan del super.



La última cuchilla tramontina, sin estrenar, sale de su empaque, oxidada.



El recuerdo del cuchillo mocho golpea mi mente, mi corazón.  Nuestra amiga chilena, que ya no está, nos dejó ese cuchillo, liviano, labrado, que usamos para untar tantas tostadas. Un día, sin saber cuál, desapareció de nuestra vista, de nuestras vidas.

 Extrañamos tanto la sensación de sostener su suavidad, ese trocito delicado de nuestra amiga.



El tiempo lo tiene todo, es finito e infinito y las cosas, todas finitas.


Pasó el tiempo para los objetos. Con el tiempo se ha transformado en obsoleta, casi inútil la aplicación de tantos de ellos.




abro el obsequio...,

en bronce, con marfil,

el abrecartas




Viejas imágenes, en otros aires, llegan como fogonazos...




Deslizándose,

una cuchilla...

va cortando la nieve




Llueve en diciembre.  Despipo una manzana mientras pienso,

(Qué filo cavará mi tumba...)





.


 .

Un viaje...


Disparó el viaje, la fotografía de una esquina que tantas veces crucé.  Así, al alba, con el arrebol de las primeras luces sobre el empedrado brillante, resbaladizo de rocío.
Esos días como personal activo, cuando recorría a pie tantos rincones de la ciudad.  Observando esas viejas casonas, habitadas, deshabitadas, con las fachadas descascaradas y sus balcones de hierro forjado, de épocas de la colonia, casi estilo español, que ya no recuerdan las voces, ni el perfume de las flores que albergaban.
Esas construcciones en las que hoy debemos reparar antes que se transformen en un montículo de escombros y una columna de cemento y cristales...
Esas calles que ya no recorro, que me llevaban hasta la oficina de mi amiga muerta.

En la costanera, visitada cada mañana por la calandria, hoy ha salido a caminar al sol la lagartija, que por costumbre humana ha sido bautizada con el nombre, "Rita".

Está remozada mi ciudad, está linda, pero distinta.  Hay 'cosas' con vida que se han mantenido, que han crecido junto al recuerdo del día que nacieron...  El pequeño olivo, con su pequeña ceremonia... hoy hace sombra y se ondula al paso del viento aveces cálido del río, o del sudeste "que trae agua como peste", o del sur, que con su frío nos deparan unos próximos días de alivio...

Es diciembre y la calle céntrica se está vistiendo de fiesta. Como lunas llenas, brillan intercalando columnas coloniales, unos globos enrejados con decenas de lucecitas blancas, como estrellitas en constelación y que a lo largo del recorrido parecen la vía láctea.  Ah, y el globo madre, instalado en la plaza, permite a niños y adultos sentirse el centro de la galaxia sin viaje, sin trajes espaciales, y aveces sin barbijo...

Parece austera la ornamentación, aunque seguramente nos has costado unos cuantos pesos a los ciudadanos, al menos es estéticamente bonita y suma a la ilusión del espíritu navideño, de un nuevo nacimiento de esta humanidad que atravesada por una pandemia se resiste a reencausarse en el camino de la solidaridad, del respeto por el otro, de ponerse en la piel que no le es propia.





Unas cuadras más hacia el norte, unos kilómetros..., unas cuantas hectáreas bordeando el río, salpicado de lagunas, estrenamos el Eco Parque.
Un tanto desmontado, zizea el viento en el juncal...  Se ha mejorado el camino para ser recorrido a pie, en bici, en medio del bioma costero, con el aroma de las lagunas y las especies que lo habitan, desde aves acuáticas, muchas negras contrastan con algunas garzas blancas, aves, mamíferos... Cada suspiro se llena con una imagen de color y movimiento.




se pone el sol...
mientras, la nutria come...
junto a una zancuda




Sobre la laguna, caminar las tablas de la pasarela e introducirse aguas adentro entre el camalotal, la planta viajera, y descansar la mirada y la mente




Laguna La Florida,
la jacana alimenta
sus dos pichones



Aún no he llegado al Eco Parque, me llevan o voy en helicóptero...  Los awares son de mi hijo, que llegó de tardecita, tras visitarlo, sorprendido con sus avistamientos. 








Sin darme cuenta recorrí calles, bajo los fresnos, bajo los tilos, un día de sol. De sur a este, de este a norte, de norte a sur. Pasados minutos, horas de otro tiempo..., he regresado a este blog de escritura...




San Nicolás,
un paseo virtual
desde la cama



.


Página de la Municipalidad de San Nicolás 

https://www.facebook.com/398139243575478/posts/4650020398387320/?app=fbl

Fotografías del grupo : Fotografiando San Nicolás 

.

Sin luz


Luego de una larga pausa..., un día sin luz, vuelvo al lápiz y papel.

Sin caloventor.  Se deshiela el refrigerador.  Sin licuadora, sin radio, sin tv, sin wifi.  Sin luz


Qué hacer un día sin luz ? Recordar como era, incluso mi propia vida, sin luz, o sin tanto apego a cosas que necesitan de la luz artificial.

Hay luz, no es intensa, porque este día hasta el sol está ausente tras un cielo gris. Hay poca luz, que con esfuerzo me permite escribir estas líneas.
Sin luz, sin sol, en un día de primavera, que luego del viento repentino en la noche de anoche, se ha convertido en un día frío.  ¿ Cuántos grados estarán haciendo?  No hay radio, ni TV, ni aplicación en el teléfono que pueda decírmelo, sólo la sensación que me indica el cuerpo.  Frío!  Alguien podría contradecirme, pero sólo hay otra persona en la casa y siente igual, y hay un animal en la casa que busca la manta de polar donde acostarse.  Todo indica que hace frío.
Así era antes o más o menos.


Es viernes, pero tiene los sonidos de un día domingo, nada o casi nada, ni nadie afecta el silencio. 
Mientras divago y escribo, pienso que luego tendré que transcribir en otro soporte, en otro formato, esta maraña de palabras, con sustento o sin él.
Doy vuelta la hoja y, haiku, sorpresa, conmoción !
Cuando creí haber retomado el cuadernillo en la última usada, ¡no!, me encuentro con la culpable de que quien esté leyendo, lo está haciendo porque ella, sin saberlo me sumergió en este mundo impensado para mí.





Como hilo se encadenan las palabras, los minutos, las horas de esta mañana sin luz, desde las 6hs, 7, 8.  Huy, un ladrido, las corridas de la perrita del vecino de arriba (en mi cielorraso), una persiana..., no.
El rumor de las hojas en la ventana, el silencio de los pájaros.  Por qué no habían cantado los pájaros ?  Recién ahora, algunos trinos llegan con el viento.

Todos son hábitos en las rutinas, hasta mi mano, mis dedos se resienten en este re intento de mi...
La mente siempre se nos adelanta y en este presente pienso, cuánto más estaremos sin luz ?
Sigo en la cama, la casa está en penumbras, no llueve, pero todo parece indicar que lo hará en un futuro cercano..
No veo lo que escribo, sólo escribo tratando de recordar este día sin luz.
Ya tomé mates, sin volcarlo, en dos horas tomaré las pastillas, en cuatro almorzaremos, a tientas, será complejo ver en la cocina, el edificio quita gran parte de luz sobre todo los días nublados.


Sin luz.  


Se ha tomado una pausa el proveedor del servicio y como paradoja, mi cuerpo me pide una pausa. 








.

Me acompañó...


Muchas veces lo miro de frente con los ojos muy abiertos y otras entrecerrándolos, lo miro con sueño.
Tan blanco y brillante con la luz del sol, tan sugestivo con la luz de luna... A veces su entorno le rodea con días de calma, otros, bulliciosos, acompañados con melodías, otros, agitados por la noticia que bombardea la realidad.

No es un valle, tampoco una serranía, sin embargo muchas veces lo escoltan elevaciones, colinas llenas de vida, mutantes...

De tanto en tanto oscurece como el moho que se adhiere a quien le dé permiso.
Generalmente tiene un testigo..., pocas veces al día se llena con el eco de otras voces.

Ha escuchado la lluvia, el viento, el granizo, la nieve, nunca el mar, ha sentido el calor y ahora siente el frío...

Pasó por cientos de episodios presenciales y otros cientos, involuntarios, que llegaron desde lejos, de otras culturas. Tuvo horas de poesía, de cuentos, de palabras..., de opiniones...

Fue testigo de risas abundantes, fue cómplice de lágrimas amargas, silenciosas, llantos ruidosos, lágrimas dulces, risas estruendosas...

Escuchó pasos, corridas, gritos, ladridos, maullidos... Olió el reconfortante aroma de la ducha, el olor reparador de las comidas, el olor angustiante de las enfermedades...













.

 .

El pedido...



Un poquito más temprano el sol roza las baldosas de un rincón del patio y casi automática al pedido... se oye el sonido de la puerta que se abre.
Sin tiempo que perder, recorrer los metros que separan desde ella al sol.
Pocos, casi imperceptibles cambios en el jardín por estos días.









Las flores, en el corazón deseoso de las plantas, aguardan para sorprender, las hojas del verano ya cayeron, sólo el jacarandá está despojándose al viento esta mañana, el resto reposa, con su crecimiento en cámara lenta..., con el brillo un tanto opaco y bamboleado por el vendaval...



El deseo contenido tras los cristales de la casa es una breve realidad de movimiento al aire libre con este sol que apenas entibia y el pedido... se revierte






.

.

Ocupas.

Hoy me entero de todo.

Más de un año sin atravesar la puerta de entrada, aquella que se ve al final del pasillo común...

Hoy recibo la noticia de lo que ha sucedido en el baldío..., playa de estacionamiento gratis, de la clínica..., para los concurrentes al vecindario.

Poco a poco, fue ocupado por hippies, desocupados, planeros... hasta llegar al instante en que un pequeño grupo se instalara en el rincón cementado..., el cuartito..., aprovechando la luz que proporciona la clínica desocupada por décadas.  El grupo hizo suyo el espacio y comenzó a desarrollar la actividad de "lavadero de autos" a un costo de $400,00 según informaba el cartel...

El vecindario ha manifestado quejas porque resultaban peligrosas las actitudes..., los extraños sucesos,  las desapariciones materiales...

Hoy mi hijo me llena de nuevas imágenes...

Fueron blanqueadas las paredes del predio..., la esquina fue vallada con alambre tejido romboidal y coronado con un ensortijado alambre de púas.

Retumban los pasos en invierno...

El silencio de la escoria en ese pequeño espacio..., sin paseos de animales..., sin vuelos..., sin voces de niños...










(cuántos haikus vividos allí vienen a mi memoria)

 .

Paraná...



"...Hernandarias",
la bajante... descubre
la manta del túnel





Este presente me recuerda el viaje a Santa Fé-Paraná.

Era verano, pero sobre el río con nubes hacía frío.
(Debo buscar la foto, mi memoria no recuerda)




No es de otra era, pero aún estaba entero y funcionaba con restricciones el puente colgante... y en el momento de la foto, daba inicio una maratón acuática, donde el río marrón, caudaloso, brillaba salpicado por cada brazada...  Retumbaban  los gritos de quienes alentaban desde la orilla, desde las embarcaciones que custodiaban el avance de los participantes.

Luego de ese enceguecedor momento abordamos el bus interprovincial y nos sumergimos en el iluminado túnel subfluvial.  Soy claustrofóbica, mi corazón batía, mi respiración se ahogaba y decidí lo que siempre hago cuando debo atravesar por situaciones similares cuando me introducen a una máquina por un largo tiempo...



cierro los ojos,
los misterios del rosario...
cuentan mis dedos



Así, desconociendo el tiempo, apareció de nuevo la luz del sol, en otra tierra, en otra provincia, provinciana, baja, pero con una costanera embellecida por el Parque Urquiza.
Realizamos la consulta, motivo del viaje y a continuación, un picnic de una tarde a la sombra de la barranca con el aroma de la pesca en las brasas


.

 .

Córdoba 


Será que siempre se tienen recuerdos lindos, divertidos, amargos, vergonzantes de un lugar ?  A mí me sucedió con Córdoba.  Ah, qué generosa fue la naturaleza con esa región.  Tan bella por sus elevaciones, por sus torrentes de arroyos, por su sol, por su nieve... por su aire

Con mi amiga cordobesa, jóvenes, abandonadas..., decidimos un viaje breve a su tierra natal.  Lo breve no le quitaría dinamismo para empacharnos de rincones posibles a ser conocidos. 

Los lugares tenían nombres establecidos en una lista de planes.

Bajamos del bus y dejamos los bártulos en casa de la familia tras un intercambio de saludos. Era nuestro propósito aprovechar las luces del día.  Así fue como de inmediato subimos a otro bus para recorrer el camino ascendente de las sierras... 


Un camino incomparable, verdes, caminitos, chalecitos... Lugares que te enamoran desde la ventana, Bialet Massé, Villa Caeiro, pequeños paraísos salpicados en la sierra. 


Llegar a Los Cocos... y entrar al laberinto natural y girar a derecha, izquierda, a norte, sur, y reconocer cada tanto el mismo lugar. El sol se ponía, cerraban el paseo y vinieron a rescatarnos... risas, qué más...., sería que estábamos apunadas...

Subimos a otro autobús y bajamos a Cosquín, un pequeño lugar con una plaza de cemento donde en otros días se llena de música de todos los rincones de nuestra tierra y gente que se instala para vivir las nueve noches de festival... 


Poco para ver en el aire coscoino



cielo estrellado...

en el valle de Punilla

ecos de grillos 



Subimos al bus rumbo a la capital donde compramos unas pizzas y empanadas... rodeadas de muchedumbre urbana, para compartir la cena y aventuras en familia.


 Al día siguiente nuestro destino era Carlos Paz, uno de sus balnearios, El Fantasio, ojalá pudieran oír a un cordobés pronunciar "el faaantasio".  Río San Antonio, solo conocí el fluir de sus aguas ese día, en ese lugar.  Un río precioso con una playa de piedras, grandes, sí, donde recostarse al sol y dejarse llevar por el murmullo de las aguas bajando... 




La brisa serrana roza los pequeños cuerpos, los grandes cuerpos.  Perrunos cuerpos, humanos cuerpos, 'blanco teta', de años de oficina.  Así pasaron todas las horas, con el sol en el orto hasta el poniente y los cuerpos rotando hacia la luz, espalda a la luz... 



risas en el agua,

en el cuenco de rocas

los renacuajos...



...Con el ocaso volvimos con tiempo para darnos un baño antes de la cena. 

Fuego por fuera, fuego por dentro, agua por fuera, agua por dentro.  No pude resistirme a beber agua de la canilla cordobesa. Ah ! 


Un buen asado después de un día maravilloso y a la cama. 

Giré tanto en la cama como sobre esa roca en el día.  Mi cuerpo estaba inflamado y no tenía posición posible en el lecho, el roce de la sábana era doloroso..., pero no terminó ahi mi noche.  Nunca bebas el agua de Córdoba si no estás habituado.  Mi organismo comenzó un ciclo de dos días a base de carbono y líquido para evitar la deshidratación y ungüento para aliviar la quemazón. 


Era domingo, último día, y una visita a la noche cordobesa se hacía imprescindible (no para mí), pero aprovecharía para realizar más rezos 



peatonal cordobesa,

las rejas cierran

la capilla



Sin recogimiento... emprendimos el regreso con la bendición de la belleza de la tierra






"Curso de Cordobés, vol. 1 con @matzorama" 

https://youtu.be/bPvnPM6qN5o


.

 .


Primera dosis...


Fue un trámite breve que demandó un recorrido de 2 horas de ida y vuelta

En estos días, desconociendo por qué motivo, mi hijo pidió un turno para vacunarse en un feriado y como por razones de edad, el gobierno me vacuna sin turno, dispuso todo...
Mi estado de anormalidad plantea incertidumbre, se desconoce si le aportará algún beneficio a mis células... o todo lo contrario, el tiempo lo dirá (nadie sabe de mi secreto, ni mi médico.)


Salimos, yo con la idea de subir a un taxi, pero me encontré caminando, caminando...
Era la tardecita..., las mismas calles de antes, más viejas, seguro que ellas me sentirán igual.




hoy no hay palomas
ni carancho, donde lo vi.
aire de invierno




Todo el día estuvo nublado y frío, pero durante esa caminata salió el sol al momento en que iba poniéndose donde los cristales de los edificios con cara al suroeste... Ni viento hubo, por mucho que nos acercamos a la zona de espacio natural


En nuestra UTN, organizaron un puesto vacunatorio. Pasamos a través de 10 personas, todos los cuerpos a ser inoculados pasaron a través de 10 personas. En ese avance burocrático... el olor del río recorre los pasillos, el patio, las paredes.



Llegamos pisando luz... y tras un pinchazo indoloro de la AstraZeneca, retomamos el regreso con luces de ocaso...



sombras de ocaso,
los pasajes de la escuela
huelen a río



Estando a nada del brazo del caudaloso Paraná, que baña nuestra costa noreste, nuestros cuerpos decidieron ese rumbo para maravillarnos con una imagen desconocida...



irreconocible...
serpentea el río seco
con luz de ocaso 






El ocaso envuelve un aire suave por otras calles... Ya no es consultorio la casa de nuestros pediatras, una placa de abogados brilla junto a la puerta, mientras, tras el portón de hierro forjado, un mastín napolitano mira dulcemente el retumbar de nuestros pasos



Hablamos de recuerdos..., de tantos negocios que ya no están, de esquinas míticas que abrazaron tantas generaciones, de rincones que escucharon "adiós, mi suegra!"  De..., tantas cosas que acortaron el regreso y palearon el dolor del viejo esqueleto...




"Al quemarse en el cielo
la luz del día, me voy
Con el cuero asombrado me iré"




.


 .


Nuestra casa...


Era grande o así la veía cuando era pequeña.
Nunca más volví a 'nuestra casa'. Qué extraño decirlo, sí, esa fue 'nuestra casa propia' que duró lo que dura la niñez, tan pocos años y el recuerdo para toda la vida.


Nunca más volvimos a tener una casa propia, siempre fueron casas de otros a las que nunca aferrarse y así también fue mi vida, tan apegada por dentro, tan violentada de ello, exteriormente.


Era grande a mis ojos..., un salón de venta con una puerta de dos hojas y un portón de chapas, grande, por el cual se accedía a un enorme patio de portland alisado que brillaba con sol, lluvia, luna. Allí estacionaba el camión de reparto, mi padre. 


La casa estaba construída a continuación del salón, hacia el centro de manzana. Ingresábamos por la puerta que daba al patio a un pequeño estar, los dormitorios y la cocina. Dentro de la casa, pocas vistas al exterior, una ventanilla en la cocina y una ventana en la habitación de mi padre. Todas las estancias se comunicaban por aberturas sin instalaciones... , era oscura y húmeda.


El baño, lo más moderno de la construcción, afuera, al final del gran patio, rodeado de quinta, jardín y lugar de juegos... (ese era mi mundo)



Fui feliz, mucho.  Con una inocencia vergonzante.


Allí perdí


mi gato negro de brillantes ojos amarillos, 




 


la paternidad de mi padre 


y nuestra casa propia 





.



 .

Baldosa


Tosca. Inerte. Inamovible.
Cuadrada, rígida, rectilínea, con límites concretos.  Polvorienta, baldeada.
Transitable, pisoteada, recorrida, observada, un punto fijo en la mente ausente...

Presente aunque ni la notes, porque está, forma parte del todo...

Baldosa. Así, como una baldosa me he sentido. he sentido mi vida.
Así, fija, transitable, gastada, pisoteada.
Una vez instalada, allí quedé donde quiera que fuera... incapaz de provocar un cambio, sólo un empujón... me sacó de donde me aferré siempre transitoriamente.

Allí estuve, porque estaba...aunque ni me notaras.

Una baldosa no tiene corazón para quien la transita

Baldosa, qué baldosa tiene derecho a interesarse en la vida de quien la pisa..., qué baldosa podría escribir un haiku...

pero sí puede vivirlo






.

 .

Vida...


La semana pasada recordaba esa habitación... y hoy los trámites me llevan a pasar frente a la gran puerta de aquella casona.

Era adolescente entonces, catorce años, y el derrotero por la vida nos había llevado a ese lugar.  Una casona colonial, tipo chorizo, seis habitaciones, cuatro familias, dispuestas en el siguiente orden ( del frente al fondo ) : los dueños de la casa, la chica soltera que trabajaba en la Junta Nacional de Granos, un matrimonio ( chilena, ella, alemán, él ) y nosotros ( mi madre y yo )


Allí, en esa habitación de 5 x 5, de techo muy alto con tirantes de madera resecos, desde donde colgaban telarañas inalcanzables... y esas tablas en el piso que se hundían a cada paso y crujían y se astillaban al trapearlas, ocurría todo nuestro mundo. Ropero, cama, heladera, mesa y el anafe para cocinar con la garrafa, todo se sucedía allí dentro.


La única puerta daba a una galería hacia el poniente, desde donde cada atardecer, veía ponerse el sol de las cuatro estaciones. 

Estudiaba, sí, cuando las ganas, la pena le daban permiso...

Un pequeño cantero con tierra era mi refugio, plantaba todo gajo que me regalaban y replantaba, regaba, removía la tierra... y vivía...
En una vieja caja, bajo las chapas del pasillo, armé un insectario, todo insecto que hallaba lo protegía en ese lugar como queriendo evitar que la muerte les quitara el brillo.

Me gustaba ir a la habitación de la agrónoma, verla clasificar granos... me encantaba aprender con ella sobre tantas clases de trigo y plagas.
Nina, la chilena, dedicaba mucho tiempo a pasarle betún a las tablas del piso... y las lustraba con aquel impecable trapo de lana.


Todo se hacía a pulmón...

En esa casa, en pleno centro, atrapé dos canarios, uno amarillo con una pluma negra en el ojo izquierdo y otro con un copete en la cabeza.



balcón de hierro,
aletea en mis manos
el canario naranja



Pasamos a ser cuatro seres en ese cuarto !  Hacerme cargo de ellos, alimentarlos, limpiarlos, sacarlos a disfrutar del día, entrarlos y cubrirlos para dormir compartiendo nuestro único lugar, los sonidos de la radio, de los cubiertos, de nuestros sueños. 


Transcurrieron los meses, y un día el calendario indicó que cumplía quince años... Dios, Nina llegó con un paquete... Tres gladiolos naranjas engalanaron la mesa. 

Por la tarde... mi padre... recordó a su hija y tuvo lugar una de esas escenas que deseas olvidar, arrancar de tu vida.


Allí, al final de la galería..., en el viejo y helado baño descubrí con asombro que me había hecho señorita...


Sorpresas gratas y de las otras se sucedieron... hasta que el puesto de ayudante de modista comenzó a dejar poco rédito a mi madre y una mañana muy temprano se llevaron los muebles a una casa y nosotros...




Sin dinero... nos fuimos.
En una casa extraña
quedaron mis canarios




.

 .


Rojo/a


Una imagen... dispara el recuerdo.

No era en esta casa, fue en la casa que habitábamos dos casas antes de esta.
Estábamos en los límites del casco céntrico, más cerca del río, con más cielo, más aire, más sol. En otros tiempos, con otras edades, yo en la edad de la plenitud en una mujer y él todavía caminaba junto a mí por la acera.
Los días de fin de semana salíamos a recorrer las calles adyacentes, a conocer nuevas veredas, a descubrir nuevas paredes, nuevos jardines, sí, había muchos jardines en ese barrio.




"Pescado fresco". 🎶
sorprende en un recodo
la casa barco




Un sábado por la tardecita, regresando con los zapatos llenos de arena, a poco de llegar a casa, en los escalones de una vieja casona, ¡ plantines ! Sí, plantines con pimpollos sin adivinarse los colores. "Plantines de tulipán", indica el cartelito de papel.  No me pidan que recuerde el precio, pero compramos uno y con él llegamos a casa.


Nuestro patio, muy pequeño, estaba cubierto de plantas... a las que siempre amé.  Allí, a los pies de la palmera, le hicimos un lugar al recién llegado.


Felices y ansiosos, acabadas las tareas del día, nos fuimos a dormir pensando en ese pimpollo...

...


Domingo, soleado.  Amanecimos temprano y recorrimos las baldosas del pasillo con cautela y sonrientes para ver la sorpresa que nos esperaba.

Sin demorar más, había abierto su flor en nuestra casa.  Rojo !  La naturaleza nos regalaba ese brillante color bajo tantos tonos de verde. 

De una belleza efímera..., sus pétalos se veían tan frágiles, transparentes, desparramados con la brisa que llegaba a ese rincón...

Roja ! Fue roja nuestra 'tuli-amapola' !




sólo esa tarde
...la flor del tulipán.
Ya aroma la torta...













.

.

 Cuarenta y seis años.


Sí, acabo de hacer una cuenta de algo, de eso, de aquello que al hacerlo tomo dimensión del hecho. Realizar una diferencia entre el inicio y el final, tomando como base sólo los números.

Cuarenta y seis años han transcurrido entre esa tarde en el colectivo y ese mediodía en que me bajé del auto.

Una jovencita rubia con rizos artificiales, las pestañas alargadas por el rímel, los labios coloreados de mora silvestre transformada en esta señora encorvada, de escasa melena gris, con la cara lavada de la mañana, resolvía convertirse en 'libre' luego de cuarenta y seis años.

Al fin, todas las horas del reloj sin tiempo a mis pies...

y así fue, con la misma fortuna que me bendijo toda la vida, seis meses transcurrieron en nuestra acostumbrada normalidad y luego esto, más de un año con un nuevo mundo en el aire...
Con olas y olas que no sabemos como surfear y con un cuerpo donde las células varían sus funciones, un cuerpo que se ha desajustado justamente cuando las camas faltan afuera...




radio en pandemia.
Ricardo Cocciante, canta
"...y ahora desnúdate..."




Siempre las esperas, las demoras son malas, pero cómo cambio el vicio de procrastinar aunque me vaya la vida en ello




acumular recuerdos
desoyendo los síntomas...
un gorrión se entibia...



.

.


Pequeño espacio 


Corro el visillo de la puerta del lavadero para mirar el exterior en otro patio, el más pequeño de la casa.
El tapial que nos separa de la vecina está a un metro y medio del cristal, cerca, demasiado como para aspirar a una aventura en él.
Verdea el granulado del muro, pero no se ve negro como los muros del piso superior, donde brilla el verde de los claveles del aire aferrados salpicadamente aquí y allá.



No cuida niños...
Ahora la vecina
cuida a su madre



Es tan pequeño, como el patio, el cielo que permiten ver las paredes desde adentro.
El edificio que oculta cada puesta de sol tiene los cristales ocultos tras las persianas, llueve y nadie parece observar el agua que cae, que golpea, que enfría... empapando hasta los pensamientos.

En otros días, en ese mismo lugar de cielo, he visto volar por decenas las golondrinas, las he visto habitar el mismo edificio de humanos, he visto su resplandor entre chillidos al amanecer de tantas primaveras.



trinos a media mañana,
la golondrina
corteja en vuelo



Mis ojos gastados miran, intentan ver lo que ni ocurre en ese espacio, en este tiempo.
Ahora dispongo de todo el tiempo...
Dónde se ha ido el tiempo, la vida


.

 .

Ciclón extratropical


Las baldosas vuelven a su gris..., las juntas han vuelto a verse limpias..., se ha secado en la mañana la lluvia de días.
El papel que rellena el marco de la ventana para bloquear el viento está casi seco a esta hora.

En nuestro lugar del mundo, aunque lejos del epicentro... el pequeño patio rodeado de verdes, zumba

Ruge el viento en la altura del ficus que da al este.  Ruge el viento en la bignonia encaramada hasta el techo del tercer piso de la clínica abandonada...
Ruge el viento que se filtra por el norte entre las hojas pequeñas del jacarandá

Mientras avanza la luz, los rugidos parecen aminorar y un ruido sordo vuelve a las plantas, al patio.
Sí, ya no hay rugido, otra vez llueve en un nuevo aniversario del día en que di a luz a la vida más valiosa en este planeta...


ciclón en pandemia,
las espinas del cactus
gotean el musgo

.

 .


Llueve


Debería ponerme a escribir, lo siento, lo necesito, pero aún estoy buscando dónde, con qué...

Llueve, desde ayer llueve, estoy confinada y en lo alto del tapial verdea el musgo, ese que quité con esfuerzo el último verano.
Llueve y mi corazón se acongoja como si hiciera falta la lluvia para eso.
Llueve y la casa oscurece como el cielo plomizo, como el aire que ni siquiera un trino lo recorre. 
Llueve y solo el repiqueteo ensordece el silencio de esta tarde de viernes.

La depresión del patio se ha cubierto de lluvia y algunas hojas ocres se juntan, se separan, con el goteo de la lluvia, monótona, fría


Llueve y el gato desaparece en su sueño... y yo sólo miro la lluvia tras el vidrio sobre el tapial, sobre el charco


respiración de encierro,
cada tanto una gota
cae de la hoja

.

.
.
.

Días de cuarentena...


Buena parte de las horas de un día frío, nublado, se pasan entre las paredes techadas... hasta que decides, allá por la tarde, cuando la temperatura te anima, a abrir la puerta y asomar tu humanidad al patio.

El patio de siempre, embaldosado en gris piedra, con las plantas de siempre, que a veces tienen mejor aspecto, cuando el sol se toma una pausa tras las nubes...

Cuando eres hipocondríaco, sugestionable...y te encuentras con una extraña presencia, tu cabeza dispara pensamientos increíbles, insólitos, protectores


-  Cómo se le ocurre. De dónde llegó. Quién tuvo la maldad...

-  No la recogiste ?  La hubieras tomado con un papel y arrojado al baldío... en 4 horas desaparecen...

-  Qué 4 hs.  Sobre una superficie pueden sobrevivir hasta 3 días !
Ni loco.  Se ve muy peluda, lo que aumenta la superficie para albergar más virus.  Dejala ahí.  La miro desde lejos...






Y allí está.  Lleva dos días sin que ni siquiera el viento la mueva...


Asombrosamente hoy, en plena cuarentena, escucho por primera vez el nombre Azul.  Llamo a mi vecina de arriba, que se oye por la ventana y me informo...
 Azul vive allí desde el mes de Julio, sí, hace casi un año...


Quizás



por el aire llega,
la pelota de tenis
de Azul y Cata
.
.
.

.
.
.

Voy a hablar de la salida...


Aveces siento que estas islas que me habitan, que tan a menudo habito... se parecen a peder el 'espíritu navideño', a perder la esencia de la vida.  Pero es tan inconsciente, tan invasivo que aunque se viva con mucho dolor, angustia, tristeza...lágrimas..., es como sentirse encerrado en el lugar seguro, conectado con la tristeza que te ahoga, abrazado por ese clima del que no puedes conscientemente huir.


Si los amigos, si los enemigos supieran el esfuerzo que representa ese día que decidimos cambiar el ropaje que nos cubre, abrir la puerta y enfrentar con una sonrisa el aire que nos roza, las voces que nos rodean..., podrían (o deberían) actuar con empatía, comprendiendo el peso que representa esa salida.  Porque 'olvidar', 'dejar algo que en verdad se necesita...' para obligarse a salir otra vez, no es excusa válida cuando el argumento es tan poderoso.


No es que me lleve mal con el mundo, lo habito, soy sociable, pero introvertida...  Soy observadora, afectuosa, pero... (en el momento más inesperado, llega)



tan repentino...,
un pequeño mal gesto...
rompe el cristal



https://www.facebook.com/383560102076342/posts/904983193267361/?app=fbl
.
.
.
.
.
.
Buscando entre imposibles... una planta de lechuga, el lunes de carnaval

Un niño se acerca y me pregunta,

- cómo se llama esto (señalando el brillo morado...)
- berenjenas, respondo

Y ya no está.

En la cola de pagos... una madre espera delante y llama

- Tomi !

Es el niño...

Pregunto si compró berenjenas... y dice

- no, compré bananas

Miro en su carrito un sachet de leche

- ah, vas a preparar un licuado de banana, qué rico !

Me sonríe la madre con cara de asesina, parece que no quiere lavar tantas cosas


Es un torbellino el pequeño Tomasito,  y con ese remolino me llegan recuerdos de otros carnavales... algunos arrancaron tantas carcajadas y otros... humedecen mis ojos




.
.
.